lunes, 1 de febrero de 2021

Cefalea

 Anuncian nueva cepa de covid en Reino Unido

escucho la Zowi a las cuatro de la mañana

A falta de entregar un trabajo antes de las diez

solo tengo ganas de llorar y llorar

hoy por hoy, cualquier deseo es un privilegio

lo único que parece funcionar es 

querer estar vivo 

 

Como decía aquella película

el mundo es como nosotros lo hacemos

Escuchar a Elton John, beber tila, teñirse el pelo

Así como no encuentro el injusto afecto

hay una madriguera de cafeína y palabras

Y un pequeño lugar en mi pecho, entre órganos que palpitan

donde la nueva borrasca no llegará nunca

donde nunca llueve. 










martes, 1 de diciembre de 2020

mayo de 2020

la noche huele a sándalo
mi ropa, a cerveza tirada encima, a cenicero
voy con el corazón roto sintiéndome importante
como si no fuera más que sentimientos horribles
la ropa se mueve de una silla a otra
tengo un agujero en el estómago
hambre y tristeza
pienso en acordeones y en sevdah
pienso en beber, me emborracho
me siento triste, me duermo
dejo el incienso prendido
la noche huele a sándalo al menos




martes, 17 de noviembre de 2020

Ciudad muerta

Esta ciudad muerta es como un rompecabezas. Levantar la cabeza abre recodos, rascacielos creados en desniveles que desembocan en puntos muertos. Escaleras que no llevan a ningún sitio. Arriba o abajo. Esta sensación es aún más evidente cuando es de noche y llueve. Las luces iluminan todo lo que se utiliza o se habita, y la oscuridad todo lo que existe pero es de paso. Los edificios conviven con casas viejas y comentarios sobre la crisis. El ladrillo mojado por la lluvia y los carteles de los negocios de barrio que sobreviven, pintados a mano o en cristal. Aún aquí los lugares se llaman con nombres propios y los kioskos pueden ser mercerías. Las pintadas de las paredes son como una hiedra espesa en las fachadas y el abandono es tan familiar que no es extraño encontrar todo tipo de objetos en repisas, escalones, portales, bordillos o parterres, llenos de colillas. 
La ciudad muerta no busca ser perfecta, y en su herida de muerte reside la poesía que los forasteros ven en ella. El romance de no conocer su pasado, ni permanecer lo suficiente para su futuro. La poesía de un presente subjetivo, que pervive por eso mismo. Porque la realidad es que esta ciudad herida ha sido herida de muerte, y lo que la hirió en el pasado ha buscado otra forma de sobrevivir. Esta ciudad es un cadáver que espera a su propia descomposición. Tardará generaciones en empezar a oler, y para entonces, los que vivan en ella morirán con ella. 
 
 

 

viernes, 16 de octubre de 2020

Por eso yo, hija, recuerdo

 Pasando la casita de vigía hay un camino descendente de tierra, con un viñedo a la izquierda y un campo de centeno sembrado a la derecha. Por encima del centeno dorado se estrelló, en 1992, un Mirage F1 Ala 14, con el resultado de un muerto, no se sabe si en esta viña, o en el sembrado. Los vecinos salvaron un piloto, el otro murió fatídicamente. La madre de tu tía recuerda la sensación de un terremoto; cómo las vigas de madera temblaban bajo el tejado. Yo estudiaba con las monjas en una de las escuelas esparcidas por el pueblo. Era pelirrojo, mis amigos me comparaban con Tintín. Cuarenta años después, pusieron una gran bandera y una condecoración. Nadie se acuerda de lo que pasó porque el suelo mullido esconde el rastro del pasado. Por eso yo, hija, recuerdo.


 

viernes, 18 de septiembre de 2020

doler/me

vivir es una serie de duelos
pelear contracorriente, decir muchas chorradas
arrepentirte de lo que hiciste esa noche hace cinco meses y flagelarte por ello
(dolerte)
el abandono de tu vida de otras personas, la persona o lo que fue contigo
1. negación
2. ira
3. negociación
4. depresión
5. aceptación
el duelo de otros, tú lo aceptas pero otros siguen enfadados
esas escenas nocturnas en las que el frío te paraliza y la ansiedad te asfixia
darte cuenta de que todo está conectado, pelear contra las emociones
los duelos son siempre concatenaciones de golpes pero
algunos se detienen y otros siguen tocando en zonas sensibles
como las rodillas que tiemblan con las tormentas
lo importante es que esté el faro prendido
si no duele no va a sanar



lunes, 6 de julio de 2020

heterónimos

en esta identidad que se despliega
soy más que un apellido, estoy lejos
nadie podrá negarme jamás ser literata, una mujer de letras
ser el valiente cordero que se sacrifica,
ser historiadora
mis problemas de identidad están resueltos mientras bailo con mis muertes
la muerte de mi yo del pasado, la muerte de laura, la muerte de efímera
corresponden en efecto a partes de mí que me generaban dolor y que se exponían
al aire, para ser concretadas
y que son igual que el yo que está entre estas paredes de carne
de hueso somos todas, una declaración de pliegues y repliegues
no me siento nunca más aquella chica en un bungalow de madera que recorría la oscuridad entre las caravanas
todos mis problemas de identidad están resueltos en este momento
y como un poema suspiro
hacia la eternidad de esferas desconocidas
de nombres que son siempre lo mismo, pero dicen otras cosas.

jueves, 14 de mayo de 2020

mis emociones están deslocalizadas
"humilde no soy porque no soy cristiano"
mi vida está deslocalizada
"precario no porque ese concepto no nos deja en buen lugar"
habitar, sentir y ser son términos en disputa
solo las connotaciones nos sacarán de este apuro

lunes, 9 de marzo de 2020

mi entorno es sucio
Firefox me dice

Idea libre: Nunca dejes que las normas de etiqueta te impidan usar calcetines divertidos

pero es que mis calcetines están desparejados
la lavadora hace una semana que no se pone
la ropa arrugada se va rotando

hay un manojo de llaves en el suelo
y torres de libros que hace semanas que no leo

La maraña de objetos refleja
el estado de suciedad en el que está mi cabeza
que hasta lleno de migas el teclado
porque escribir no es sino
hacer físico todo lo que es real

jueves, 20 de febrero de 2020

Cara T: (Toro) El hombre perdido

─ "Ezequiel, 25-17: El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del Valle de la Oscuridad. Porque es el auténtico guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos!¡Y tú sabrás que mi nombre es Yahvé, cuando mi venganza caiga sobre ti!"
─ ¿Y citar esa mierda te ha servido para ligar alguna vez?
─ Con católicas que no tenían nada mejor que hacer. Y cuando lo consigues es como estar acariciando el puto Espíritu Santo.
La chica no tendría más de veinte años. Veintidós, como mucho. Le miraba desde el suelo a medio desnudar, muy segura de sus actos. Atrajo al hombre que se había quedado a cierta distancia de ella rodeándolo con los pies. Ambos apestaban a ginebra y tenían la boca como un cenicero. Eran las seis de la tarde y sin embargo habían estado bebiendo desde no sabían cuándo. Cuando consiguió que se pegara a ella, logró arrastrarse hacia el borde la cama y empezó a desnudarlo, como si tuviera prisa.
─ Creo que estoy viéndolo otra vez─ dijo el hombre, alzando los brazos como un predicador, mientras le metían la mano en los pantalones ─ ahí viene, en forma de paloma....ahhh...mira cómo vuela en la ventana...te lo estás perdiendo...ahhh...lleva una rama de olivo en el pico y me está guiñando un ojo. Sigue por ese camino y llévame ante el mismísimo Dios todopoderoso.
 

 

Cara E: Efímera sin ley

Nosotros jamás sabremos cuál era el nombre de Efímera sin ley. Pero sabemos que la gente la llamaba así, Efi, Efímera. Porque en una vida errante en la que no tiene uno nada que perder, está dispuesto a dedicarse a casi cualquier cosa.

Efímera se dedicaba a miles de cosas desde que en su juventud, su padre perdiera la vida y su madre se diera a la bebida. Sabe que su vida se convirtió en un huracán de problemas que la llevaron con el torbellino, escupiéndola de la tormenta y volviéndola a meter, a su placer. Los placeres ajenos dominaron desde joven su vida, en la que ella estuvo paseante y observadora. Esperando a recibir los golpes para poder defenderse.

La primera tarde de agosto que dejó de visitar el cementerio de las afueras, fue el primero en el que descubrió que la calle la llamaba con angustia para que la recorriera. Para que entrase a formar parte de sus elementos. De los círculos y líneas paralelas que se trazaban en todas las direcciones. Las de la vida, las del placer, también las de la pérdida. Efi transitaba por la delgada línea que separaba los carriles y la llevaba al primer club nocturno en el que trabajó, y la volvió a transitar cada vez que cambió de puticlub.

Se agarraba a las líneas despintadas del asfalto como bordes que separaban dos abismos. Los recorría con sus crocs amarillas, y se detenía justo cuando un camión paraba para recogerla. Pero jamás perdió de vista la línea blanca que atravesaba la carretera. Sabía muy bien que, en otros países y universos, ambientes y ecosistemas, siempre existiría un borde por el que tendría que atravesarlos. Y eso le daba paz.

La paz era su elemento más sagrado, pues dentro de un torbellino de pasiones como el mundo de la calle, siempre encontrarlo con pequeños gestos. Por eso, desde el principio de los tiempos, igual que su madre los había cultivado, ella estaba comprometida a ese mismo elemento. A ese mismo final, en el que el camino se trazaba con líneas continuas, y se borraba para no volver a existir nunca más.

Quizá por eso no acostumbraba a vivir en esa prisión. El espacio, cerrado y con baldosas azules que se había convertido en su hogar durante un tiempo que no era capaz de catalogar en ese, ni en otro momento, estaba desprovisto de líneas que llevasen a alguna parte.Las líneas existían, sí, blancas y paralelas. Pero no se podían caminar. Y en conclusión, al recorrer las baldosas de aspecto enfermo que la rodeaban, estaban encerrando espacios. Se entrecruzaban, no llevaban a ningún lugar. A un techo plano en el que se sostenían unos simples focos alargados de policía.

No había energía que transportar. No podía moverse con, ni a través de ella. Simplemente podía observar, de vez en cuando, ese espejo que ocupaba toda la pared, y en el que se veía reflejada con toda claridad. Tanta quietud había en ese lugar, que había decidido abandonar sus propósitos de recorrer con la vista espacios continuos.
En su lugar, atendía al ruido blanco de los focos que alumbraban la superficie de la sala, y miraba al libro, mientras se encendía otro pitillo. Esta es la pérdida de Efímera, estar atrapada entre líneas que se cruzan.